
Cuantas
hazañas guarda en su corazón el coloso del cerro como es popularmente conocido
este gigante de las bolas y los strike, cuantas veces vibramos de emoción con
un batazo de Marquetti, o un fildeo de German Mesa por solo citar algunos de
nuestros grandes jugadores.
Lo
primero que uno se encuentra al llegar al lugar es que está prácticamente
militarizado con un enorme dispositivo de la Policía Nacional Revolucionaria
que forma cordones y casi puede superar a la afición cuando se desarrolla un
juego que despierte poca atención entre el público, aunque las personas toman bebidas
alcohólicas, apuestan dinero y gritan improperios contra los jugadores y
árbitros al libre albedrío sin que nadie se moleste en requerirlos.

Más
todo esto no es lo peor, pues las gradas del estadio están destruidas con
numerosos asientos sin fondo o con el respaldo defectuoso, la malla protectora
que forma una barrera protectora para impedir que una pelota que se escape o
sea bateada hacia atrás golpee al público está destruida y por ella entran las
pelotas como si no existiera nada en ese lugar.
Pero
si esto no bastara para hacer que cualquiera pierda el deseo de ir a presenciar
un juego el techo tiene faltante de tejas y la pizarra de anotaciones que se
eleva en la parte alta del graderío central presenta problemas y algunas
casillas lumínicas no funcionan haciendo casi imposible poder descifrar en cuál
de todos los episodios se hicieron las carreras o donde no.

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