jueves, 27 de junio de 2013

Repaso Histórico, I Parte

Recorte de periódico de la época 
Faltaban 10 minutos para que el reloj de pared marcara las 11 de la mañana de aquel 23 de noviembre de 1957, el Teniente Coronel Julio Diez Díaz, Inspector Territorial del Regimiento No. 7 de la Guardia Rural asentado en la provincial Holguín le pide a su ayudante, un sargento de primera, que le comunique urgente con el Estado Mayor General del Ejercito, tiene que transmitir una información urgente, acaban de matar al Jefe del Regimiento.

Ese día un comando del insurgente Movimiento 26 de Julio integrado por William Gálvez Rodríguez, Carlos Borjas Garcell, Alfredo Adbón Ávila y Ramón Cordero Reyes habían realizado el atentado en el establecimiento Cuban Air Co. ubicado en las calles Libertad y Ángel Guerra cerca de las 8 de la mañana, además había resultado herido el Cabo Germán Pavón, quien era el chofer del Jefe del Regimiento Coronel Fermín de la Concepción de la Caridad Cowley Gallego.

Durante mucho tiempo este comando apoyado por otras 16 personas, entre las que se encontraban Manuel Angulo Farrán y Atanagildo Cajigal jefes de la organización en la Provincia  vigilaban los movimientos del asesino, el que en menos de 1 año había enviado a mejor vida a más de 40 personas a las que consideraba adversarios del régimen de Fulgencio Batista Zaldívar, el que había llegado al poder en el año 1952 tras un golpe de estado que derroco al último Presidente Constitucional de Cuba Carlos Prio Socarras.

Según Gálvez Rodríguez, luego de un recorrido prolongado para cerciorarse que estaba en el lugar el objetivo se deciden a entrar, están presionados, Frank País García, Jefe de Acción y Sabotaje del 26 de Julio había muerto y desde la Jefatura de este en Santiago de Cuba les exigían cumplir con el Plan Calendario que el extinto había elaborado para planificar lo que debía suceder día a día en la lucha clandestina en cada provincia y que solo Holguín no cumplía, lo cual le había hecho ganar el título de la “Ciudad más Tranquila de Cuba”.

En el momento clímax unos trabajadores de la Cuban Air que descargaban de un camión unos balones de oxigeno tuvieron un percance y varios de estos cilindros rodaron hasta posesionarse  justo debajo de las ruedas del auto en que viajaba el comando, en ese instante dos miradas curiosas se asomaron por la trastienda pero solo por pocos segundos, estaban vestidos de civil y esto acrecentaba las dudas de la presencia del Coronel en el lugar, no obstante, se deciden y dos del grupo atacan al cabo que recostado contra una pared recibe 2 disparos y queda herido e inconsciente.

Mientras William Gálvez y Alfredo Adbón Ávila entran a la tienda, el segundo se adelanta, para cuando Gálvez llega a la trastienda ya Adbón le apunta a un hombre que no hace la menor resistencia, le grita pero no importa, suena un disparo, la cara se desmorona y junto con ella la vida del agredido, el cuerpo se desploma sobre el rojo de la sangre que ya brota como un rio sobre los mosaicos del lugar, otro hombre, el administrador del lugar, grita despavorido “no me maten, soy padre de familia”, lo increpan, le pregunta si es el Coronel Cowley, más solo se oye el “no me maten, soy padre de familia”.


Comienzan a registrar al muerto, hay que encontrar la pistola o un carnet que demuestre quien es, los nervios tensos, otro grito desde la calle hace que todo se olvide, “viene la policía”, como un resorte ambos salen de la tienda, más no es cierto, no hay nadie en la calle, solo el cabo que inconsciente pero vivo está tirado en la esquina de Ángel Guerra y Libertad, no hay tiempo para regresar, se retiran hacia la casa cuartel y comienza la espera, angustiosa, prolongada, hasta que se escucha el anuncio por la radio, se acaba de cumplir la misión.

Del resto se encargó el Coronel Leopoldo Pérez Coujil, quien fuera nombrado sustituto del finado y el Teniente Coronel Irenaldo García Báez – hijo del Jefe de la Policía Nacional Pilar García -, 2do Jefe del temido Servicio de Inteligencia Militar (SIM) quienes junto al resto de los oficiales del Regimiento realizaron las detenciones e investigaciones que condujeron al arresto de más de 30 personas y al trágico final de 6 de ellos mientras eran trasladados hacia el Vivac, una similitud a pequeña escala con lo sucedido en la ciudad checoslovaca de Lidice cuando la resistencia ajusticio al Jefe de las SS Hitleriana Hendrich.

Hasta aquí la versión “conocida” de lo ocurrido, muchas cosas quedan claras y otras por desgracia para todos se fueron a la tumba con los protagonistas, más varias dudas sobre esta historia sobresalen, lo primero y eso es indiscutible es que Cowley merecía morir, es cierto que mató a los terroristas del 26 pero igual suerte corrieron personas inocentes, era un asesino despiadado que le arrancó la vida a seres humanos por sus filiaciones políticas o simplemente por no simpatizar con ellos, fue el autor intelectual y material de las “Las Pascuas Sangrientas” entre el 23 y el 26 de diciembre de 1956 donde murieron 23 personas y luego se cargó sin miramientos a 16 expedicionarios del “Corinthia” el 28 de mayo de 1957 que bien podrían haber sido condenados por los tribunales de justicia cubano.

Más me llama la atención algo, según dijo y escribió William Gálvez Rodríguez, quien además era  el jefe del comando, nunca antes ninguno de los miembros del mismo había visto a Cowley vestido de civil, pues el Coronel vivía dentro del Cuartel, es decir solo tenían fotografías de él vestido de militar y la mayoría con gorra, lo cual nos indica que ellos iban a matar al que estuviera en el lugar sin importar quien fuera y que solo un factor de suerte hizo que se cumpliera su propósito de ajusticiar a Cowley, creo que haber logrado su objetivo no los exonera de la carga histórica de haber podido matar a un inocente que nada tuviera que ver con el criminal o alguno de sus acólitos.

Lo segundo que se resalta es el camino que utilizaron pues innecesariamente recorrieron 12 cuadras para llegar a la Cuba Air Co., esto me llena de intriga sobre si realmente querían llevar adelante el atentado o no, pues al bajar por la calle Miró y llegar a Ángel Guerra se percatan de la presencia del auto del Coronel a 100 metros de ellos, más increíblemente en vez de doblar a la derecha en la siguiente cuadra (Peralejo), continuaron 3 calles más abajo hasta General Salazar para luego tomar Libertad y pasar por el lugar, continuar hasta la siguiente (Cable) y por esta bajar por Maceo para incorporarse a Ángel Guerra, lo cual podría haber despertado la sospecha del chofer del Coronel.

Algo que no tiene explicación es el hecho que Cowley, siendo el criminal que era, no se defendiera, que estuviera desarmado y sin escolta a pesar de haber recibido del SIM informaciones de que estaba en ejecución y era inminente un plan para atentar contra los principales oficiales del Regimiento, creo por lo que he podido investigar que solo el Comandante Agustín Labastida (El Bebo) Jefe de la Policía Regimental había tomado precauciones especiales para garantizar su seguridad, es inaudito e inverosímil que a pesar de haber tenido que escuchar los disparos que se efectuaron a menos de 20 metros y que hirieron a su chofer no haya hecho nada para resistirse y defender su vida.


Luego la pasividad con que actuaron los complotados, salvo los ejecutores que se fueron para la Sierra Maestra, los demás se dejaron atrapar por los militares aun cuando por más de 24 horas nadie había reconocido a los atacantes ni a los que los ayudaron, muchos de ellos con un aval confiable por ser personas importantes y respetables en el lugar como para salir de la ciudad sin levantar sospechas, además conocían de las investigaciones y de la delación del Morito Estefano, quien cambió su declaración por su vida, incluso en un momento de confusión el teniente Coronel García Báez dejó en libertad a Atanagildo Cajigal y este lejos de huir permaneció en el Regimiento para lograr la libertad de su hermano que nada tenía que ver con el suceso.


Quizás algún día podamos conocer con mayor exactitud que sucedió ese día, el porqué del comportamiento extraño del Coronel Fermín Cowley, de los otros oficiales que debían garantizar su seguridad personal y de los que fueron apresados, a pesar de que con toda seguridad sabían que morirían por haber apoyado esta acción, quizás podamos desentrañar la causa del recorrido tomado por el vehículo, más solo por el momento les dejo este escrito para que reflexionen sobre un hecho que marcó para siempre al pueblo Holguinero.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se agradece su comentario, hágalo sin usar palabras ofensivas, discriminatorias, racistas o cualquiera que atente contra la dignidad de cualquier ser humano, gracias.